La primera vez que te vi, le dije a mi amigo; “Si estuviera con esa chica se me quitarían todos los problemas”. La ignorancia es osada y yo era osado e ingenuo.
Tardé, creo un mes en dirigirte la palabra: “¿Y tu como te rompiste ese diente?”; frase harta original, te reíste, te lo acababa de preguntar un chico y yo aproveche que no te había hecho mucha gracia, nos reímos, seguimos hablando. No recuerdo muy bien si nos besamos aquella noche o fue otra parecida, si recuerdo en donde, en ese bar que fue mi casa durante demasiado tiempo.
En aquel momento tú andabas en una extraña competición de rellenar un calendario que a mí me parecía absurda, los celos me comían. Recuerdo que aguante el tipo. Al final, una noche decidiste dar el primer paso, esto es más serio de lo que fue y ya siempre fue serio. Serio lo justo, es verdad, porque siempre que te recuerdo te veo riendo, enseñando tu diente partido. Decías que te hacía diferente y era verdad, eres distinta.
Logramos el maravilloso record de casi dos años, en mi vida, a día de hoy sigue siendo mi relación más larga, de hecho eres mi única ex, (lo seguirás siendo el resto de mi vida).
Luego las cosas se acaban. Es curioso, tu y yo que nunca discutimos. Una vez y el fin. Otros, una vida de discusiones y la vida entera. Supongo que la vida tiene estas cosas que uno desconoce. Fue el final más largo y doloroso que pudo haber; con idas y llegadas, con curvas y bajadas y al final… caímos.
Y caí, caí, caí y seguí cayendo.
No hay precipicio tan alto como para no llegar al suelo. Llegué al suelo y descubrí que en la noche seguía habiendo luz, probé algunas de esas luces y sin darme cuenta, tras verlas, comprendí que el sueño había acabado, las heridas habían sanado y yo no era el mismo.
Y volvimos a hablar. Nunca lo habíamos dejado de hacer completamente, pero esta vez era de otro modo, yo ya había comprendido que los sueños acaban y que no tiene porque ser malo de hecho reconocí que para mí lo mejor de ti, fue que acabara. Me sirvió para dirigirme; para no ser tan niño o por lo menos para ser el niño más sabio del bosque.
He hablado de mí, el tuyo fue otro mar que navegar. Mientras yo buscaba el olvido, tu atracaste en otro puerto, caminaste y encontraste tu vida: eres Señora de… y sé que eres feliz, quizás no lo sabes pero sé que lo eres y me alegro, aunque tengas días malos, tú tienes la razón aunque no veas la calma en los demás y quisieras que las cosas fueran distintas, deja que las cosas vayan a su sitio: El tiempo nos dará la razón.
Pdta.: La dama Serena guarda ahora en su corazón todo lo importante de mí…