Uno se levanta y decide hacerse profesional de las carreras populares, se compra unas zapatillas, una camiseta de tirantes, se pone un número en el bajo vientre y sale a la calle dispuesto a correr.
Tras esta idea se marcan los gustos estéticos; que si el rosa queda muy hortera, que si el verde-limón para destacar, que si el azul eléctrico que me hace más alto.
Y a correr, que para qué ver el mundo caminando sí corriendo se llega antes.
Entonces se comienza a juntar personas con tu misma enfermedad, todas dispuestas a estar a tu lado, a masticar las distancias, a extraer la bilis a fuerza de zancadas. Supongo que ese debe ser el pensamiento que se le pasa a uno cuando decide hacerse corredor de fondo.
Podemos decir también que se forma un dialogo interior con tu otro yo y del que vas sacando conclusiones, que si puedo con ello, que si esta cuesta es una prueba más, que soy más fuerte y sé que puedo. Pero como la utilidad no está entre las virtudes del hombre, pues a calmar a esa voz que te dice asustada “Para, tú, que nos vamos a hacer daño y veras” y a veces paras y a veces sigues.
Nuestro Txalvita (niño bolita) decidió que este año repetía la gesta de los cuarenta y dos kilómetros en Madrid y como de locuras andaba este año un poco corto pues a mejorar el tiempo del año pasado, las ampollas se habían curado y el tenía la experiencia ya conocida, así que por qué no probar.
Y así ocupó la mañana del domingo, Jeico y un servidor grandes amantes del deporte no profesional, con mayor grado de cordura en estos asuntos, iniciamos nuestro particular seguimiento, a nuestro recordman; que Txalvita tenía que alimentarse y tomar azucares pues Jeico y yo solidarios como el que más, tomábamos un atajo, que para eso sabíamos dónde estaba el final de la carrera y nos avituallábamos en un bar de esos que abundan en esta grandiosa ciudad. Que Txalvita comenzaba con sus reflexiones introspectivas, nosotros al Caixaforum a ver las ideas de unas mentes con rigor artístico que nos desvelaran los misterios del nacimiento, la vida y la muerte con un trozo tocino y unas ruedas de monopatín que a mí me revolvió el estomago un ratito de semejante guarrada. No está hecha la miel para la boca del asno y a nosotros por lo visto las metáforas de artistas modernos de renombre tampoco.
Y así transcurrió la mañana, al final nuestro encuentro con Txalvita, que emocionante. Que grandes amigos somos, como habíamos sufrido juntos. Eso si, la vida depara cambios y aquello que reivindicaba Txalvita, la presencia de mujeres en nuestros viejos partidos del Homerpool se cumplió y al final su churri le fue a ver. Que si carantoña por aquí, que si te lo traduzco todo, que si te duele algo, que yo te lo curo…Un cuento de final feliz
Pd: Jeico y yo recontamos los kilómetros, no nos lo podíamos creer, vimos, que las cuentas no nos salían y que nos faltaba parte del recorrido, como sabíamos que no podíamos defraudar a nuestro público seguimos en nuestra particular tournée por las Calle de Madrid. Cumplimos con creces separándonos a las 7 de la tarde desde las 10 de la mañana. Es lo que tiene el deporte que si te sacrificas lo consigues.