Abr 28

Uno se levanta y decide hacerse profesional de las carreras populares, se compra unas zapatillas, una camiseta de tirantes, se pone un número en el bajo vientre y sale a la calle dispuesto a correr.

Tras esta idea se marcan los gustos estéticos; que si el rosa queda muy hortera, que si el verde-limón para destacar, que si el azul eléctrico que me hace más alto.

 

Y a correr, que para qué ver el mundo caminando sí corriendo se llega antes.

 

Entonces se comienza a juntar personas con tu misma enfermedad, todas dispuestas a estar a tu lado, a masticar las distancias, a extraer la bilis a fuerza de zancadas. Supongo que ese debe ser el pensamiento que se le pasa a uno cuando decide hacerse corredor de fondo.

Podemos decir también que se forma un dialogo interior con tu otro yo y del que vas sacando conclusiones, que si puedo con ello, que si esta cuesta es una prueba más, que soy más fuerte y sé que puedo. Pero como la utilidad no está entre las virtudes del hombre, pues a calmar a esa voz que te dice asustada “Para, tú, que nos vamos a hacer daño y veras” y a veces paras y a veces sigues.

Nuestro Txalvita (niño bolita) decidió que este año repetía la gesta de los cuarenta y dos kilómetros en Madrid y como de locuras andaba este año un poco corto pues a mejorar el tiempo del año pasado, las ampollas se habían curado y el tenía la experiencia ya conocida, así que por qué no probar.

Y así ocupó la mañana del domingo, Jeico y un servidor grandes amantes del deporte no profesional, con mayor grado de cordura en estos asuntos, iniciamos nuestro particular seguimiento, a nuestro recordman; que Txalvita tenía que alimentarse y tomar azucares pues Jeico y yo solidarios como el que más, tomábamos un atajo, que para eso sabíamos dónde estaba el final de la carrera y nos avituallábamos en un bar de esos que abundan en esta grandiosa ciudad. Que Txalvita comenzaba con sus reflexiones introspectivas, nosotros al Caixaforum a ver las ideas de unas mentes con rigor artístico que nos desvelaran los misterios del nacimiento, la vida y la muerte con un trozo tocino y unas ruedas de monopatín que a mí me revolvió el estomago un ratito de semejante guarrada. No está hecha la miel para la boca del asno y a nosotros por lo visto las metáforas de artistas modernos de renombre tampoco.

Y así transcurrió la mañana, al final nuestro encuentro con Txalvita, que emocionante. Que grandes amigos somos, como habíamos sufrido juntos. Eso si, la vida depara cambios y aquello que reivindicaba Txalvita, la presencia de mujeres en nuestros viejos partidos del Homerpool se cumplió y al final su churri le fue a ver. Que si carantoña por aquí, que si  te lo traduzco todo, que si te duele algo, que yo te lo curo…Un cuento de final feliz

 

Pd: Jeico y yo recontamos los kilómetros, no nos lo podíamos creer, vimos, que las cuentas no nos salían y que nos faltaba parte del recorrido, como sabíamos que no podíamos defraudar a nuestro público seguimos en nuestra particular tournée por las Calle de Madrid. Cumplimos con creces separándonos a las 7 de la tarde desde las 10 de la mañana. Es lo que tiene el deporte que si te sacrificas lo consigues.

Abr 21

No todos se enamoraron el primer día. Ni siquiera Gabriela, tan perceptiva para estas cosas, fue consciente de los primeros síntomas de la epidemia. Clara Y Juan se casaban después de un largo noviazgo se habían conocido antes de trabajar en Martínez y Asociados y el hecho de que se casaran en el mes de abril supuso la culminación  de una larga relación: la gente se sintió liberada, por fin dejarían de hablar de trajes de novia, de recogidos de pelo, del mejor menú para los comensales, y de todos los preparativos que la boda conllevaba. Clara y Juan habían estado consultando durante varios años con sus compañeros de trabajo todas las menudencias de la boda y célebre se recuerda el enfrentamiento que estuvo a punto de desembocar en pelea cuando se decidió si el color blanco del traje de ella era el adecuado para una novia ya entrada en los treinta y tantos.

En aquella época se pensaba que Daniel y Marilo ya llevaban juntos varios meses pero aun seguían manteniendo una cierta reserva, él llegaba rigurosamente tarde cinco minutos después que ella, pero ya se los había visto juntos en la entrada, e incluso Perico el de la fotocopiadora con esa lengua afilada que le caracterizaba decía que los había visto de la mano.

La relación más extraña fue la de Pedro y Pepi, Pedro el eterno enamorado de Gabriela, de la noche a la mañana había cambiado su corazón y ahora se paseaba de la mano por la sala de  descanso con Pepi, Gabriela disimulaba su enojo,  pero se repetía para sí misma ¡esta mosquita muerta que se habrá pensado, pero mírala si tiene el culo escurrido!, pero Pedro  flotaba por  su puesto enamorado, ante las escasas curvas de Pepi.

Fueron ellos los primeros que empezaron a hacerse demostraciones de amor, que si un día una caja de bombones, que si un ramo de flores, las otras parejas entraron en una competición para enseñar su amor de la manera más romántica posible, se organizaron concursos de poesía, de canciones, se contrataban bandas de mariachis para cantar en la ventana de Martínez y asociados, para aquel entonces todo el mundo se estaba emparejando, las invitaciones de bodas pasaban de mano en mano y se inició una competencia  para saber cual de éstas era la más elegante. Las muestras de amor eran excesivas una vez se contrató una grúa  de la que se colgó un  cartel de “Renata, Felipe te ama”. Y el Sr. Martínez llamó a la televisión para declarar su amor a Puri su secretaria.

Gabriela no sabía dónde meterse, ella que había sido la mujer más deseada de la empresa pasaba ahora sin pena ni gloria, se veía ella rechazada, nadie la saludaba, ni la abría la puerta para que ella entrara en el ascensor, para colmo esa semana se había declarado la semana de los pétalos de flores y con el consentimiento del Sr. Martínez se había instalado un aparato alemán que cada 15 minutos expedía pétalos como si de una lluvia se tratase. Gabriela trató de recuperar a Pedro pero todo fue inútil se puso su mejor vestido ese de rombos con el escote a la altura del ombligo pero ese mismo día se declaró una concurso de felicitaciones con forma de corazón y Gabriela paso desapercibida ante el entusiasmo del Sr. Martínez que decidió comprar Pliegos de papel charol de colores para el concurso.

Los únicos ajenos a esa epidemia eran Gabriela y Perico, Gabriela siempre había repudiado a Perico, bajito, gordo,  con el pelo ralo como una comadreja, siempre le pareció repulsivo, pero qué iba a hacer, ella también quería sentirse querida, quería que la regalaran flores aunque estas le dieran alergia, quería escuchar canciones dedicadas a ella, y Perico podría convertirse en su enamorado, en ese hombre que la llevara del brazo, que la despertará en las mañanas y pese a las formas contrahechas de Perico se convirtió en su caballero andante y se enamoró de Perico.

Perico, sin embargo ajeno a esto seguía leyendo El Marca, a él  mientras no le tocaran la hora del bocadillo no pensaba en ninguna forma de enamoramiento, llevaba 28 años en la empresa y todavía se acordaba de la temporada que los dio a todos por ir en patinete por la Empresa, o de cuando se raparon todos un lado de la cabeza.