Estoy en esta ciudad que el destino si es que existe me presenta como aquellos regalos de los que uno no está muy convencido, pero que a medida que pasa el tiempo va viendo sus excelencias. Es muy temprano el sol es muy brillante y la mañana desde la ventana se presenta luminosa. Yo y mi percepción de la luz, son las ocho de la mañana y el día se presenta ajetreado, la Dama Serena despertará de su sueño de principes encantados y volverá a mi que soy lo más alejado de ello.
Ayer fue mi asentamiento en esta ciudad, la primera noche solo sirve para quitarme el miedo al aeropuerto, al avión, al idioma, a las máscaras de cera.
Cuando recorres Berlin tienes que ser consciente que el metro o tren en Madrid es mucho más moderno, menos viejo, para mi casi es un suplicio tener que meterme en ellos,si en Madrid me dan claustrofobia y los detesto, en Berlin me ahogan, busco un sitio para sentarme miro a la ventana, afortunadamente algunos no van por tuneles, pero aún así me acogotan, sí me perdiera ¿Sería capaz de encontrarme? Generalmente llevo un libro, no es que quiera hacerle el feo a la Dama lo que ocurre es que necesito evadirme, cuando la conversación decae leo, ella lo sabe, es consciente de lo tenso que me ponen los vagones, creo que por eso me lo perdona, a veces pienso que esa misma tensión se la traslado porque siempre la pregunto cuanto falta, dios, soy el tio mas pesado para saber cuando se llega a un sitio, no se me puede llevar a ningún lado de sorpresa, porque sienpre estoy preguntando cuanto falta.
Ayer fuí desayunar un chocolate, que difícil es encontrar un café cortado fuera de la patria , lo de encontrar churros y porras es una leyenda, nunca los he buscado. Lo que no es leyenda es que busque el As, algún día lo encontraré y os arrepentireís todos estos años de burlas y cachondeos, pero que sepaís que no hay vacaciones sin desayunar fuera de casa mientras se lee el As o el Marca.
Me deje llevar a una exposición que si no me equivoco estuvo en Madrid, la Dama en su interés por la biología humana, (qué, si no iba a ver ella en mi) logró esquivar mis preguntas insidiosas y me llevo a una colección de visceras y cuerpos disecados digna de las mejores casquerías de Madrid en la que estuve unas dos horas planteandome a mi mismo si esto era necesario o no lo era, es decir, puede que para la ciencia sea fundamental saber como es un pulmón cuando se es fumador o cuando no y puede que a un tío de la calle le conciencie y se plantee dejarlo, pero saber como es un cancer de prostata me parece que es menos concienciable. El hecho de que sea gente auténtica la que haya donado sus cuerpos para que un montón de gente lo vea me parece de lo más repudiable, creo que la investigación científica es imprescindible y la divulgación de los datos, pero allí se muestran cosas hechas a cuerpos humanos, a seres vivos y no vi a gente investigando, vi a un señor gordito y calvo abierto por la mitad, y el hecho de pensar que ese tío tuviera su vida y su familia y ahora esté en una vitrina con una sonrisa placida mientras se le ve su cerebro pués me ayuda poco a pensar que sea necesario. Existe una colección de fetos en las diferentes semanas de crecimiento, yo solo pensaba en los sueños truncados de esas personas que habían querido tener un hijo y que ahora estaba allí para que otras personas (aunque no los entendiera porque hablaran aleman) dijeran, mira se le ven las manos. O el esfuerzo de humor que es lo que más pésimo me pareció de ver a personas sin piel en posturas de la vida cotidiana, saltando, tocando la trompeta o follando (también había), si lo que me querían contar es la vida, lo que yo vi era la mente enferma y de mal gusto de los organizadores del evento.
Si hay algo cierto sea bueno o no según sean los acontecimientos es que todo se acaba y tras la compra de un pesado libro de semejante atrocidad (esta opinion es mía no de mi Dama, pero claro ella esta estudiando biología y supongo que a ella si la sirvió), libro que puedo llamar pesado por varios motivos: primero por peso y tamaño y Segundo porque está en alemán así que para mi que no entiendo ni papa de este maravilloso idioma en que todo el mundo se despide con el famoso Olvidense, y el más familiar Chus al que todo español de pro debe responder con el acostumbrado Jesus y verificar si el enfermo tiene Kleenex.
Decidimos dar un paseo sentándonos en una terraza a la que acudí a probar ese caldo estupendo del que hacen gala en estas tierras. Tras tomarme una cervecita a la usanza de estos lares, es decir no muy fría y con la espuma muerta, aunque de sabor muy rica y desistida por paletoide, las aceitunas o panchitos imprescindible para una estupenda degustación como debiera de ser. Nos fuimos a comer pasando por un error increible casi infantil de cálculo y es que, en mi ingenuidad masculina entramos en un centro comercial de dimensiones lavaguadinos, un error que la pobre Dama trato de solventar eliminando de ver una de las 14 plantas que tenía el centro, creo que no entré en todas las tiendas de las otras 13 pero debió ser porque estaban cerradas. Bueno allí comimos en un buffet asíatico (chino de toda la vida) y nos acercamos a Alexander Platz donde se celebra los 20 años de la caída del muro.
En Alexander Platz había unos chicos bailando a ritmo de maquina, tal y como se pueden ver también en Madrid en la Plaza de Felipe II, lo que me lleva pensar que para eso es realmente la globalización, para que la estupidez traspase las fronteras.
Lo del muro en esta ciudad debe ser considerado como un acto de innominia, son de esas cosas que si se deben contar frecuentemente y que son necesarias para la salud mental de la gente y para que nos planteemos que no hay teoría política sin las personas. Alexander Platz muestra unos murales de ese momento decisivo de la caída del muro, como cuando le preguntan a Güther Schabowski que está anunciando la derrogación de la ley de fronteras pero cuando pueden salir de sus fronteras loos alemanes del bloque del Este e ir al bloque del Oeste y todo el desconcierto y el desbarajuste que se provocó en las fronteras.
Tras quedarme pensando en todo el movimiento cultural o contracultural del que podríamos debatir hasta que se acabe este viaje nos dirigimos a casa.