Ago 31

¡Maldita sea! Otra vez se me fueron las vacaciones y de regreso al trabajo, pero nunca como hoy tuve la falta de ganas que tengo hoy. Estos veinte días han pasado tan deprisa, han estado tan cerca en lo personal de lo que quiero hacer durante mi vida.

Cádiz ha sido un catalizador, no ha sido la ciudad viva que esperaba, digamos que anda aquejada de una decadencia que el ayuntamiento trata de despertar con obras y remodelaciones pero en la que ves que la gente no se implica, la gente se despierta ve su mar, sus playas, sus bares y piensa, otro día más en mi vida, para qué gastarlo en los sueños de los demás si puedo seguir sintiéndome vivo. Y así poseen una colección de artistas callejeros, de puestos de artesanía, de hippies, de camareros todo amabilidad y todo tranquilidad que te enseñan eso de; mira el mar, mira el sol, para qué quieres que me busque un trabajo de lunes a viernes, ocho horas de falta de creatividad, ocho horas de gritos, malas caras y conversaciones absurdas, yo tengo mi mar, yo tengo mi playa y tú turista madrileño solo tienes unos días de vida que pretendes cambiarme.

Y es cierto, deberíamos llenarnos de esa maravillosa decadencia de no tener Tdt ni televisión plana, ni sofá Ikea, solo playa, mar y aire.

Y ahora respiro, me digo a mi mismo que nada cambiara y que al mismo tiempo todo será diferente, llénate de pasión malgástala con esos tipos y apuesta cuánto tardarán en sacarte de tus casillas, cuánto tardarán en insuflarte mala leche. Respiro y mi cara se pone esa sonrisa de; tu vida es otra, tú eres otro, nada me mancha, yo soy el que camina, yo soy mi futuro.