Nov 2

El invierno traicionero llega, ¿No lo podéis oler? Va cubriendo las calles en esquirlas de escarcha, ocupando el césped de los parques, dejando que el agua de la mañana tarde más en retirarse, no podemos quejarnos, este otoño es un verano decadente que se ha alargado hasta noviembre. Ahora  el frío regresará y llenará todo de caras ateridas de frío.

He decidido cocinar, me encanta cocinar, disfruto con la comida y me gusta ver a la gente disfrutar comiendo,  me gusta la gente que sabe de comida, que diferencia los sabores que le da importancia a lo que come.

Se dice, somos lo que comemos, yo en  mi caso tengo que sufrir el castigo del tupper, el hándicap de cocinar para uno mismo y la falta de tiempo eterna.

Cuando escribo esto me pregunto si  no será un castigo el comer en el trabajo. Estoy escribiendo esto mientras se pocha la cebolla y el ajo abundantes, notando como el olor llena mi cocina, le añado una guindilla seca; entre mis lagrimas por la cebolla, el olor del picante y el frio del Retiro que traigo de pasear, me convierto en un hibrido de la gripe A. Cuando todo esta pochado añado el pescado en este caso; unas rajas de pescadilla, le añado el zumo de un limón quizás uno y medio y apago el fuego,  lo tapo dejando que se cocine con el calor lento de la cebolla.

Mañana en mi odiado tupper de las Tres,  mientras prosigo la tertulia futbolística de 15 minutos, pensaré que no es lo mismo recién hecho, un motivo de que mi vida podía ser mejor. Pero también peor si comiese otro sándwich de máquina.