Sigue lloviendo en mi empresa y el fango y el lodo nos cubre ya las piernas, puedo pensar que estaba hecho y lo hecho, hecho está, pero me repele ese olor a indignidad de la gente a la que tengo que mirar mañana a la cara.
Una cosa es que no te quede más remedio que señalar con el dedo, y otra defender que lo hiciste con el dedo limpio.
No quiero decir nada más, espero no volver a hablar aquí de la injusticia que se ha cometido hoy.